La sana costumbre de no darse por vencidos


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El último sábado 23 hombres representaron al Mendoza Rugby Club y dieron todo hasta el último minuto. No se pudo conseguir el triunfo tan esperado por chicos y chicas, padres, madres, novias, esposas, amigos y amigas, pero sin dudas se dio un gran paso que vale más que cualquier partido. Se ganó en la unión del club, los valores que este deporte promueve desde sus inicios, la cultura de entrenamiento, la humildad y sacrificio para poder lograr los objetivos, “la sana costumbre de no darse por vencido”.

Este 2015 comenzó mal para el rugby de primera ya que se perdió la plaza para un equipo mendocino en el Torneo del Interior A, fueron siete partidos que por más o menos puntos se perdieron. Eso dolió mucho en el seno del plantel y, desde algún lugar del corazón, surgieron las ganas de mejorar y autosuperarse. Ganas de aprender con humildad, compromiso y dedicación, valores que se transmitieron desde el cuerpo técnico a los jugadores.

Paralelamente comenzaron a darse otros procesos en el Club que tienen que ver con lo institucional. La llegada del hockey le dio nuevos aires al Mendoza, sobre todo porque vino para quedarse, y poco a poco, este deporte comenzó a crecer. Cada vez eran más las caras nuevas de todas las edades que empezaban a transitar el club, y de a poco nos fuimos conociendo. Hoy nos une mucho más que el conejo de la camiseta.

También empezaron a realizarse proyectos que se venían trabajando. Hoy están todos en vías de concretarse, en breve tendremos una nueva cancha de rugby en Godoy Cruz y un campo de hockey profesional, además de una cancha sintética para las chicas dentro de las instalaciones del Bermejo.

Estas ganas de crecer se contagiaron al plantel superior y con el comienzo del torneo local comenzaron a llegar los triunfos. Pre, Inter y Primera poco a poco comenzaron a posicionarse como equipos a los cuales respetar. Todos los fines de semana los Conejos comenzaron a demostrar de qué están hechos; con mucho entrenamiento, humildad y paso a paso el salto de calidad comenzó a darse.

Los hinchas sufrieron con los triunfos. ¿Cómo olvidar esa patada en el minuto ´80 frente a Los Tordos? La victoria de ese partido se festejó como un campeonato, junto con eso, el sentimiento de que era posible comenzó a gestarse y el Club comenzó a caminar con todos de la mano, yendo en la misma dirección.

Luego vinieron cosas que le hicieron muy bien al Club en general: la vuelta de Eusebio Guiñazú, Fede Méndez aportando desde sus conocimientos, la clasificación de los 3 equipos a semifinales, los triunfos y consolidación de las mayores de hockey, la firma de contratos para la realización de los proyectos que se venían gestionando, los eventos sociales dentro del Club. Y los más chicos no dejaron de ser protagonistas: un increíble encuentro “González del Solar” para rugby y hockey, la visita de todas las inferiores de U de Tucumán, viajes y muchas cosas más.

El momento tan esperado llegó. Luego de una gran victoria frente a Los Tordos, la primera del Club llegó a la final del torneo luego de 8 años de sequía. Las ilusiones estaban al rojo vivo. El escenario perfecto para coronar un año ideal del Mendoza: final en la cancha 1 frente al eterno rival, Marista. Pero (porque sí, hay un “pero”, ese que imposibilita eso que podría haber sido, pero que no fue), perdimos.

A pesar de todas las ilusiones, logros y camino recorrido, perdimos.

Scott Fitzgerald, escritor estadounidense, tiene una frase que nos cabe como anillo al dedo, y dice así, “La vitalidad se revela no solamente en la capacidad de persistir sino en la de volver a empezar”.

El rugby tiene la particularidad de parecerse a la vida misma, y en ella nos encontramos con esas situaciones que no nos satisfacen, que nos desilusionan y que nos dejan con la sensación de no querer seguir, pero hay algo positivo: la revancha está a la vuelta de esquina y solo hay que buscarla.

Hoy con todo lo que nos identifica, somos un club nuevo. Con aciertos y errores, pero con un objetivo como norte del cual nada nos desviará: ser el club que supimos ser, y al mismo tiempo, superar nuestra mejor versión.

El 2016 lo empezaremos con 88 años en las espaldas. 88 años de experiencias, de alegrías, de tristezas y encararemos el número 89 con un club habiendo dado el paso más importante de todos, el primero. Ese  que como dice Fitzgerald, es el que revela la vitalidad, las ganas de persistir y de crecer. Todos de la mano, porque juntos se puede, y porque esto recién empieza.